El Quijote del Estrecho

Juanmi Armuña

El infierno de Bombay, desde el otro lado del mundo

Juanmi Armuña / CEUTA
Rocky lee la noticia sobre Bombay en 'El Faro'.

 Los ojos de todo el mundo se han centrado esta última semana en la capital económica de la India, la ciudad donde se instaló el infierno durante 62 horas en un ataque sin precedentes.

A unos 8.000 kilómetros de distancia, poco se puede contar de unos atentados que han vuelto a estremecer al mundo. Sin embargo, quienes han nacido y crecido en aquella zona del mundo castigada por el terrorismo sí pueden explicar la relación entre dos países que quedó envenenada por la disputa de Cachemira.
En un céntrico comedor de la ciudad, ‘El Faro’ conversa con Rocky, un joven de 20 años que hace casi dos llegó a Ceuta oculto en el doble fondo del salpicadero de un vehículo. Mientras se acomoda sigue las noticias, por televisión, de la llegada a la base militar de Torrejón de Ardoz de quince españoles retenidos en Bombay desde el pasado miércoles. Se alegra de no haberse producido ninguna baja de españoles y que todos hayan vuelto a casa, pero muestra su preocupación por la situación en la que se encuentra su país natal. “Ésto nunca va a cambiar. No hay razón para estar siempre poniendo bombas. Lo peor es que no vemos el final de este enfrentamiento”, afirma con voz tenue mientras espera el primer plato.
Tiene claro que los terroristas que han perpetrado los ataques son procedentes de Pakistán, “porque quieren quedarse con Cachemira”, argumenta su opinión.
A medida que se va desarrollando el almuerzo, Rocky se siente más cómodo y profundiza en el tema. Considera que Bombay ha sido el lugar escogido esta vez por los terroristas porque un atentado allí tiene más repercusión que en otro lugar del país. “Es la ciudad más grande de la India y en ella viven muchos políticos y actores, lo que la convierte en una zona muy importante del mundo”, añade.
Aunque él está muy lejos de aquel infierno, familiares suyos continúan en la India. Además, su padre, que ocupa un cargo en la Fuerza Policial de la Reserva Central (CRPF), estuvo destinado en Bombay hasta hace dos meses. “El gobierno indio cambia de lugar a los policías cada varios meses. Menos mal que ahora está trabajando en Hydrabad -a 622 kilómetros de Bombay-, ya que le podría haber tocado estar en medio del conflicto”, afirma con alivio.
Hace pocos días mantuvo una conversación telefónica con su padre, quien le mostró su preocupación. “Me dijo que le podría haber pillado allí en el momento de los ataques. Ahora está tranquilo porque en Hydrabad no hay problemas”, explica.
A la pregunta sobre la relación, en Ceuta, entre los inmigrantes indios y pakistaníes, responde que “ahora es muy tranquila”. Sin embargo, dice que en una ocasión llegó a haber más de 200 y que una vez se originó una pelea. “Ahora no hay ningún problema. Habrá unos 15 pakistaníes en Ceuta. Cuando eran más solían producirse discusiones, simplemente porque nosotros somos indios y ellos pakistaníes”, relata con un gesto de incomprensión.
Una vez finalizado el almuerzo, Rocky hojea las páginas de ‘El Faro’ dedicadas a los atentados, ya que en menos de dos años se defiende muy bien hablando en castellano e incluso es capaz de comprenderlo por escrito. “Ha sido una masacre lo que han hecho en el hotel Taj Mahal. Sólo se ven llamas”, afirma al ver las fotos.

“Los pakistaníes no somos culpables de lo que hagan los terroristas”

En el descanso del trabajo para el almuerzo, Mohamed mantiene una conversación telefónica con este medio. Pasó mucho tiempo en la ciudad autónoma, pero consiguió llegar a la península y ya tiene un trabajo en Lérida. A sus 32 años, ya ha pasado diez en España. Nació en Gujrat (Pakistán). Desde la distancia ve el conflicto muy lejano, pero lo que tiene claro es que “los pakistaníes no son los culpables”. Tampoco lo son los indios -afirma-, sino los terroristas, “que no son buenos musulmanes, sino una especie de mafia que también ataca a los pakistaníes”.
Para argumentar su posición asegura que en Pakistán también perpetran atentados. “En mi país, ponen bombas a diario en mezquitas y en hospitales, por lo que no tiene lógica decir que los pakistaníes son los culpables de lo que está ocurriendo”, añade. Además, asegura que terroristas hay “en todo el mundo, no sólo en Pakistán”. De los terroristas que perpetraron los atentados de Bombay, considera que “no buscan nada, sólo matar inocentes”. Dice que la disputa de Cachemira es cosa de los gobiernos de Pakistán y la India, y que los terroristas “poco tienen que decir ahí”.
“En Pakistán se está cada día peor -dice Mohamed-. Mi familia vive allí y está muy preocupada. Mis parientes no salen de la ciudad e incluso les da miedo ir al mercado porque en ocasiones ponen bombas y hay muchas muertes”, dice antes de despedirse para volver al trabajo.

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